martes, 21 de julio de 2015

El trato a la inmigración en la Argentina de fines de siglo XIX


Resumen

El presente trabajo histórico - económico tiene el objetivo de analizar el trato a la inmigración en el último cuarto del siglo XIX, tomando como hecho específico la masacre de los inmigrantes en Tandil de 1872.

A partir de éste hecho particular nos dedicaremos a estudiar las características estructurales de la inmigración del período dado. Sobre esta base investigaremos la estructura económica de los inmigrantes y las manifestaciones políticas que los mismos buscaban, en un contexto en el cual no existía una autoridad estatal con la suficiente centralización y poder necesarios para traer paz a estos territorios sureños, y con un alto grado de reacción y oposición de las poblaciones autóctonas.

En el período de hegemonía británica, el Estado argentino buscaba la atracción de los inmigrantes (plasmado incluso en la Constitución Argentina de la época) para lograr el desarrollo; incluso las autoridades locales tenían un rol sumamente importante en este proceso.

Los fracasos del período indican la falta de éxito en la consolidación de un Estado Nacional argentino. La articulación con la potencia británica, intercambio de materias primas y alimentos argentinos por manofacturas de origen británico, fue por largo plazo causa y efecto de una articulación periférica en el sistema internacional.
Introducción



El proceso inmigratorio puede ser analizado desde diferentes perspectivas. La intención de este trabajo es analizar el trato con los inmigrantes en el período 1862 -1880, a partir del hecho específico de la matanza de los inmigrantes en Tandil de 1872.

La intención es estudiar la superestructura social en la que se insertaban estos inmigrantes, pero esa superestructura no puede ser analizada sin tomar en cuenta la estructura económica de ese grupo en particular y de la sociedad en su conjunto y tampoco puede ser analizado sin tomar en cuenta las manifestaciones políticas de estos inmigrantes, claro esta en un contexto que puede denominarse como de “Organización Nacional”.

El proceso de fragmentación política que afectó a Hispanoamérica debe remitirse a factores externos, ajenos a nuestra realidad colonial. En palabras de Skidmore: “nuestra historia comienza en Europa en el siglo XVII, con la perfilada decadencia española, el imperialismo napoleónico y la hegemonía británica, los procesos claves para entender el origen de la independencia de América”.

También será nuestra intención analizar los conflictos o entretelones diplomáticos que se generaron a partir del hecho delictivo, en particular con la potencia hegemónica del sistema internacional del momento, Gran Bretaña.

La noche del primero de enero de 1872, un grupo reducido de personas al grito de ¡Viva la religión! ¡Mueran los masones! ¡Maten siendo gringos y vascos! Asesinó a un número importante de inmigrantes, cuestión que era difundida en la época, pero lo significativo fue la magnitud.

A partir de este hecho específico denominado la matanza de los inmigrantes de Tandil por el Tata Dios se tratará de ahondar en la realidad cotidiana de aquel período, teniendo como armas de análisis la Constitución Nacional de 1853 y las “Bases” de Juan Bautista Alberdi de 1852.


Antecedentes




La Argentina emergió de la época de Rosas y de la posterior división entre Confederación y provincia de Buenos Aires, discutiendo sobre el pasado (con la marcada influencia del caudillismo[3]) y discutiendo sobre el futuro (con el telón del liberalismo de fondo). Había heredado del pasado una nación de autonomías, un Estado sin Constitución y un territorio disputado entre gobierno nacional, autoridades provinciales y locales; indios, gauchos y terratenientes e inmigrantes.

La imagen era de superposición, sin duda. La superposición de autoridades nos trae la reminiscencia de una época medieval. No se puede discutir que la idea de Estado estaba presente, pero no estaba presente la idea de Estado-nación como es comprendido actualmente.

Natalio Botana, en “El Orden Conservador”[4], defiende la hipótesis que presenta a la formación del Estado-nación y del régimen político que lo hizo manifiesto, como un fenómeno tardío que sucedió a la guerra civil de la década del 1850 y a las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda. Como un fenómeno tardío que tuvo dos rasgos distintivos: la constitución de un orden nacional y la fórmula política. El primero puso fin a los deseos de autonomías regionales, el segundo creó una estructura de poder dándole sentido a la relación mando-obediencia.

La visión de futuro sería ganada por el liberalismo. Para el historiador inglés John Lynch[5], los liberales fueron los únicos que tuvieron un proyecto nacional claro: una constitución para los argentinos, muerte de los caudillos y modernización mediante capital extranjero y los inmigrantes europeos.

José Luis Romero nos señala, “el liberalismo fue para ellos [la élite dirigente] un sistema de convivencia deseable, pero pareció compatible aquí con una actitud resueltamente conservadora... Había que transformar el país pero desde arriba, sin tolerar que el alud inmigratorio arrancara de las manos patricias el poder. Su propósito fue deslindar lo político de lo económico, acentuando en este último campo el espíritu renovador en tanto se contenía, en el primero, todo intento de evolución”[6].

Este liberalismo en lo económico se vería plasmado en la inmigración, que pasará a ser considerada como fuente de todo desarrollo. Además con la inmigración llegaban los capitales y conjuntamente con las tierras que ya se disponían se daba la perfecta articulación entre los factores de la producción de tierra, capital y trabajo.

La conjunción de estos tres factores era la clave para la modernización del país. Vemos así a los inmigrantes como un factor clave en el “proyecto modernizador” del país, Tulio Halperín Donghi sostiene que a pesar de la constante ambigüedad de métodos y objetivos no logró destruirse el amplio consenso generado en la élite terrateniente[7].

Las élites ilustradas del período se abocaron a resolver básicamente cuatro cuestiones básicas: la organización nacional, la atracción de capitales externos que posibilitaran el desarrollo de formas modernas de producción agropecuaria, la inmigración europea, y la educación universal y obligatoria (ésta última, entendida en los términos de la época).

Este liberalismo en lo económico y conservadurismo en lo político, fue la base de la Constitución Nacional de 1853, en la cual sin duda se puede observar una veta autoritaria al estilo alberdiano pero que coincidía perfectamente con los intereses de la élite política.

El presidente era elegido por un colegio electoral. Estaba autorizado a intervenir en las provincias para proteger al gobierno republicano (la Constitución Nacional planteaba “con requisición de las autoridades provinciales o sin ella”, cuestión muy utilizada por Mitre, Sarmiento y Avellaneda para derrocar a los gobernadores opositores a la unidad nacional) y podía remover las administraciones locales e imponer funcionarios federales. La Constitución Nacional era un instrumento de compromiso entre unitarios y federales.

El fin era reemplazar los gobiernos personales de los caudillos por el “gobierno de las instituciones”. Pero acaso no prevalecieron los personalismos en todos los niveles, la estabilidad política dependió menos de las instituciones que de la personalidad política de ciertos presidentes y, particularmente, de aquellos que encabezaban regímenes considerados fuertes como Mitre, Sarmiento y Avellaneda. Esta cuestión nos trasladará al debate si las instituciones hacen a los hombres o los hombres hacen a las instituciones.


El trato con los inmigrantes

Después de reconocer a grandes rasgos lo que fue el intento de institucionalización del poder es momento de analizar como fue el trato específico a estos inmigrantes, teniendo como marco superposición de autoridad antes mencionada.

La inmigración formaba parte de un proyecto nacional tanto de los liberales argentinos, como de los unitarios y centristas de la provincia de Buenos Aires, los que veían al inmigrante como productor, consumidor, pagador de impuestos, por lo que dirigían sus miradas a Europa en busca de ideas, gente, comercio y capitales necesarios para la modernización del país.

Las líneas generales para el trato a la inmigración las encontramos en las Bases y en la propia Constitución Nacional de 1853, pero la cuestión a investigar es que en muchos casos las autoridades locales no respondían directamente a esas líneas generales. Entre los años 1869-1872 se incrementó de manera gradual, un proceso que tenía sus orígenes en la Confederación de Urquiza, la matanza de ciertos inmigrantes por parte de la población autóctona, sean estos indios o bien gauchos, e incluso trabajadores asalariados.

Sin embargo, uno de los logros del régimen de Urquiza, fue justamente el apoyo activo que concedió a la inmigración, que había sido estimulada con escaso éxito en los años de Rivadavia y que languideció durante los años de Rosas.

Como nos recuerdan Maculay y Bushnell: “La nueva política se resumía en un eslogan ideado por el consejero de Urquiza, Juan Bautista Alberdi, que citaba constantemente ‘gobernar es poblar’. Alberdi formaba parte del selecto grupo de unitarios que había sido recuperado para la política, y que unió su suerte a la de Urquiza, siendo con sus escritos el principal inspirador de la Constitución de 1853. Era de origen provinciano y en muchos sentidos se le podía considerar moderado; pero se trataba de un moderado esencialmente liberal, y por lo tanto compartía el entusiasmo del resto de los liberales latinoamericanos por el progreso económico, y de todo tipo, que esperaban conseguir importando nuevas gentes, nuevas ideas y nuevas actitudes especialmente de los pueblos ilustrados del norte de Europa. Consecuentemente, la Constitución que él inspiró contenía una serie de artículos que estimulaban expresamente la inmigración, cuyo fomento fue incluido entre las obligaciones oficiales del Congreso y del presidente de la Nación”[8].

La guerra con el Paraguay (1865-1870)[9] había diezmado a la población, las requisiciones de hombres para la guerra había generado un gran resentimiento. Mientras “los hombres de las Pampas” iban a la guerra, o tan solo a la frontera, los inmigrantes se convertían en la fuerza de trabajo de los terratenientes, y hasta en propietarios bajo diferentes sistemas que serán analizados más adelante. Es momento de recordar el artículo 21 de la Constitución Nacional con respecto al derecho publico deferido a los extranjeros[10].

En estos años las matanzas se darán en Santa Fe, Sarmiento intentará resolver el problema enviado tropas, pero la real dificultad se encontraba en que la mayoría de los gobiernos locales se mostraban indiferentes ante la necesidad de protección que tenían los inmigrantes. El gobierno central podía intervenir en una emergencia, pero la seguridad del día a día era responsabilidad de las autoridades locales.

Para los inmigrantes la única solución parecía ser la autoayuda. Estos mismos funcionarios locales, eran también los que no respetaban los tratados del gobierno nacional con los grupos indígenas. Los funcionarios locales, al igual que el indígena, y particularmente los de la frontera secuestraban jefes, violaban mujeres y robaban caballos.

En las zonas fronterizas se observan reacciones similares tanto por parte de las autoridades locales como de los indígenas. Los caudillos locales, los jefes de frontera se comportaron con los indios de manera bárbara al igual que estos se comportaron con ellos.

Con el fin de la Guerra del Paraguay, Sarmiento prometió dar mayor prioridad al problema indígena, deseaba civilizar a los indios además de domesticarlos, imponer escuela, policía y la noción de propiedad privada. Todos los estratos sociales de la Argentina veían al indio como ajeno a la nación un vecino detestable y obstáculo para alcanzar el desarrollo económico[11], quizá la única excepción con respecto al indio la encontramos en Lucio V. Mansilla para quien, en su “Una excursión a los indios Ranqueles”[12], el indio era un argentino auténtico tal como el gaucho el prototipo nacional. Y aquí aparece justamente el otro personaje a analizar, por supuesto que nos referimos al gaucho.

El temor hacia el gaucho se ve justificado básicamente en la posibilidad de alianza entre indio y gaucho, que era una posibilidad amenazadora y los colonos comprendieron que si el indio no los mataba lo podía hacer el gaucho. Para este último, unirse a los indios parecía una opción más ventajosa que servir en el servicio militar de la frontera sur (recordar los circuitos de comercio indígena sobre todo relacionado con el sur de Chile)[13].

La asociación entre gaucho e indio tiene un correlato histórico desde la época de Rosas[14], cuando surgió la ley de la vagancia y la papeleta, para el gaucho en aquel tiempo la única opción para no convertirse en mano de obra, era incorporarse y mimetizarse con la vida del indio. Ante todo está presente la opción de la libertad[15].

Hugo Nario afirma en “Tata Dios, el mesías de la última montonera”[16] que: “a la sociedad le había bastado menos de un siglo para destruir un producto social único de la Pampa, original e irrepetible en el mundo: el gaucho. Lo hizo sin dejar de valerse de su pericia como jinete, de su aptitud para combatir y de sus visones política. De su dominio del caballo habría sacado peones aptos. De su coraje, soldados sufridos. De su sentido de la fidelidad, votantes disciplinados” agrega más adelante: “Lo declararon paria en su tierra, un delincuente cuando quería comer, y un vago malentretenido por amar a su modo de libertad”.

Sin duda, con Nario, observamos la aguda critica a la institución Estado y a su incapacidad para incorporar dentro de sus filas y estructuras al habitante más autóctono de las Pampas, el Gaucho (Ver Anexo).

Según Lynch, el gaucho detestaba al extranjero, odiaba a los gringos y estos le respondían con el mismo sentimiento. Además el gaucho era el que afirmaba su independencia frente a toda institución formal[17]. Pero es este mismo gaucho el que se verá sometido a la institución del ejército[18]. Sin duda en esta cita de “Martín Fierro”, aparece uno de los personajes clave al nivel local, nos referimos al Juez de paz, aquel que comanda los intereses locales desde la época de Rosas.

Con Lynch, consideramos al juez como el representante local de la autoridad gubernamental, el agente del estado distante; para la mayoría de sus ciudadanos era “el Estado”. Los gobiernos locales fueron el talón de Aquiles del Nuevo estado que se estaba construyendo. Se verá más adelante que los representantes diplomáticos de la comunidad británica serán los que criticaran fuertemente a los gobiernos locales.

Las raíces de la masacre de Tandil se encontraban en dos condiciones básicas: el desorden de la frontera y el descontento de la población nativa. Dentro de la frontera los inmigrantes podían prever hostilidades provenientes de los dos extremos de la sociedad rural: los terratenientes tradicionales que se resistían a la competencia y los gauchos deseosos de vengarse de sus vecinos más recientes. Si el indio era una amenaza pasajera, el gaucho era un peligro más evidente.


La estructura social de la época





Dentro de esta estructura social, debemos colocar a los inmigrantes y colonos, y al analizar la base económica de los mismos se analizará paralelamente la estructura económica argentina (basada en la tenencia de la tierra y la clase terrateniente) e identificada con el Modelo Agroexportador[19].

Mario Rapoport sostiene que: “cuando la Argentina se incorpora definitivamente al mercado mundial, hacia 1880, el esquema de división internacional del trabajo vigente, basado en los principios del libre cambio, estaba sufriendo transformaciones en cierta importancia. Con uno de sus polos en Gran Bretaña –la gran usina industrial del mundo, principal exportadora de manofacturas y centro financiero y de intercambio de las corrientes de comercio mundiales; a cuyo influjo giraban las otras potencias de la época- y el otro polo en la inmensa mayoría de los países periféricos, que tenían por función proveer de materias primas y alimentos a esas grandes metrópolis”[20].

La forma de promoción de la inmigración más conocida en la época fue mediante acuerdos. Estos acuerdos eran para la colonización en grupos y consistían básicamente en la actuación de un promotor que organizaba la llegada de familias europeas, las asentaba en terrenos públicos y le reembolsaban sus gastos, a plazos, los propios emigrantes[21]. La estructura social se comenzaba a diversificar haciendo base en la inmigración, en fuerzas exógenas, pero dejando de lado las fuerzas endógenas, como el gaucho y los indios locales.

Sostenemos que el inmigrante se encuentra integrado a la estructura económica no solo de hecho (como no se encontraban de la misma manera el gaucho y el indio) sino también de derecho a través de la legislación que favorecía al inmigrante y de la hoja de ruta mayor para la élite política argentina que era la Constitución Nacional.

En este orden de ideas, es recién a partir de 1862, que la inmigración se convirtió en una política de Estado, estableciéndose oficinas en Europa. Desde esta perspectiva tenemos diez años favoreciéndose la inmigración previa al brutal ataque de Tandil.

La masacre de Tandil no ocurrió por casualidad. Llegó en la cúspide del crecimiento económico durante el cual la Argentina multiplico su población, incremento la producción y extendió el comercio más allá de la posibilidad de comprensión de los habitantes del campo e inclusive hasta de la propia dirigencia política. La clave de esta transición fue la provincia de Buenos Aires, base del modelo de exportación de productos agrícolas.

En el período 1840-80, como respuesta a la demanda internacional y las oportunidades que ofrecían las ventajas comparativas, la producción y exportación de lana se convirtieron en la fuente principal de riqueza. Con la expansión de los establecimientos ovinos y el desplazamiento de las estancias con hacienda hacia el sur, la industria pastoril abrió el camino para el primer proceso de acumulación de capital en la Argentina y para una participación más dinámica en el mercado mundial.

Los ciclos económicos de las economías periféricas estaban subordinados a los de los países industriales impidiendo así un manejo propio de los instrumentos económicos y financieros, lo que se ponía de manifiesto en ocasión de las profundas crisis de las balanzas de pago[22]. El subsistema centro - periferia, determinaba ya la inserción de nuestro país, en un intercambio desigual, en donde se necesitaban cada vez más materias primas para comprar la misma cantidad de manofacturas, como símbolo constante del deterioro de los términos de intercambio (Raúl Prebisch).

El crecimiento excepcional de la industria ovina ocurrió en el marco de una economía rural que conservaba las pautas de comportamiento del pasado al nivel interno, entiéndase que la política pública, como se venía haciendo desde Rosas, favorecía a un puñado de terrateniente privilegiados, quitando así mayor competitividad y productividad al sistema; pero determinada por el aumento constante de las importaciones por parte de la potencia hegemónica, es decir, determinada por los términos endógenos del ciclo de crecimiento particular de Gran Bretaña.

Con el incremento del comercio se generó un mercado de tierras, las ventas de tierras entre particulares y los contratos de arrendamiento alternativos se hicieron comunes a medida que los nuevos colonos se instalaban en la Pampa y se preocupaban por maximizar las ganancias.

Los propietarios arrendaban una parte de sus estancias a una familia que cultivaba la tierra con su propio trabajo y liberaba de la carga a los terratenientes de producir granos y alimentos para los peones, que era mucho más costoso.

Se prefería a los extranjeros como arrendatarios y los terratenientes podían confiar en su continuidad pues las levas militares regían solo para los nacidos en la provincia. De esta manera los extranjeros escalaron hasta una posición social de origen medio que les estaba vedada a los nativos, los inmigrantes tenían la posibilidad de llegar a comprar sus propias granjas.

El ejemplo por excelencia al nivel local tandilense, lo constituyen Juan Fugl[23] y Ramón Santamarina, los cuales logran conjugar posición económica y peso social, en parte porque sólo este último se lograba con una buena base económica; a mayor avance económico, mayor influencia social[24].

La cuestión a clarificar es que la estratificación social fue un factor mucho más condicionante de la posibilidad de acceso a una cuota de poder que el país de origen (siempre y cuando sea europeo)[25].

Pero lo que es más significativo de estos inmigrantes instalados en Tandil, ambiciosos del rol político que adquirieron, situación que no es común y más aún, poco repetible al resto de la provincia.

Ambos como inmigrantes y con el apoyo de toda la comunidad inmigratoria (recordar la autoayuda entre los mismos), después de la masacre del ‘72, comenzaron a reclamar ante las autoridades, Fugl llegó a reunirse con autoridades provinciales y nacionales, como consecuencia de este movimiento de reclamo para 1876 las funciones del Juez de Paz fueron reducidas a las judiciales, en tanto que las legislativas recaían en la Corporación Municipal, de la que Fugl formó varias veces parte y el poder ejecutivo lo encontraremos en manos del presidente de dicha corporación. Inclusive encontramos que Santamarina formará parte del gobierno provincial.

Para 1886-1890, con las nuevas leyes orgánicas, los extranjeros irán adquiriendo dif tipo de voto (activo-pasivo), pero aparecerán nvas restricciones, además la incidencia del marco legal sobre la practica efectiva del pod municipal no era tan determinante como podía suponerse.

Así el inmigrante logró ascender en la escala del progreso. Para José Luis Romero, los inmigrantes concentraron sus esfuerzos en la aventura del ascenso individual, o a lo sumo familiar, y la mayoría de ellos obtuvo al menos algún éxito dentro de la “aventura del ascenso”.

Generalmente los que se beneficiaron con la ampliación de la propiedad de la tierra eran los hijos de estancieros y de inmigrantes europeos, cuestión que no sucedía con los peones nativos. Lo que nos permite afirmar que en la Argentina de la época existía un alto grado de movilidad social, Miguez nos dice que en gran medida la amplia movilidad social y la movilidad social ascendente implicó la salida de las mujeres del mercado de trabajo, en tanto que la movilidad intergeneracional parece menos frecuente.

Si la economía comenzó a expandirse por 1840, para 1862 la organización nacional se vio acompañada por un plan de modernización. Este implicaba diversificación, crecimiento por exportaciones, inversión en infraestructura, y aceleración de la inmigración. La inversión necesaria superaba los recursos locales y dependía, fundamentalmente, del ingreso de capital extranjero, en especial el inglés[26].

Mitre en un discurso de 1861, ya en campaña electoral, habla del triunfo pacífico del progreso. Y la fuerza de ese progreso en Argentina, es el capital inglés. Sostiene que desde 1809 quedó sellado el consorcio entre el comercio inglés y la industria rural de Argentina, y que el capital inglés es el gran personaje histórico y anónimo de la vinculación, “... la Inglaterra y el Río de la Plata, nuestra enemiga cuando éramos colonias, nuestra mayor amiga durante la Guerra de la Independencia”.

Coincidiendo con Bernal-Meza comprobamos que “América Hispana fue integrada al sistema “europeo” de relaciones internacionales a través de la colonización española. Pero su integración a la economía internacional sólo se produjo- de manera formal, es decir por vías de acuerdos de comercio, tratados y otros instrumentos- luego de iniciado el proceso de independencia política, a través del comercio con Gran Bretaña”[27].

De forma específica para el caso de nuestro país se produce esta integración como señala Ferns[28], a partir de las invasiones inglesas, las cuales fueron las que inauguraron las relaciones anglo-argentinas[29]. Es desde esta perspectiva que debemos recordar la famosa frase del Canciller Británico Lord Canning, quién ya allá por 1824, sostuvo que: “La América española es libre, y sino cometemos errores, será de Inglaterra”.

Los nuevos capitales debían permitir la modernización productiva y asegurar la implantación de un sistema nacional de transporte que posibilitara la movilización de bienes y personas de acuerdo a la nueva dinámica económica, el comienzo de éste proceso de modernización fue considerado el gran logro de la época.

El ferrocarril es el mejor ejemplo de éste triunfo. A lo largo de veinte años se tendieron 1.250 millones de millas en lo que en palabras de Mitre fue descripto como “el fecundo consorcio entre el capital inglés y el progreso argentino”.

Nos detenemos en este punto del capital inglés y lo relacionamos así con tipo particular de política exterior. Como sostuvimos en un trabajo anterior: “Analizar la política británica no es tarea fácil por dos cuestiones esenciales, primero su política exterior se condice con su política interior, por otro lado la política exterior británica surgió de debates abiertos, en los cuales el pueblo británico mostró una unidad extraordinaria y más aún en tiempos de guerra. Gran Bretaña y su pueblo siempre consideraron a sus instituciones representativas como característicamente propias y a su vez justificaron su política, tanto en el continente europeo como en las periferias, en términos de interés nacional y no en términos de ideología.

Gran Bretaña construyó un tipo específico de Estado, el estado Liberal originado en la economía capitalista mundial. Karl Polanyi buscando una explicación sobre los pilares de la civilización del siglo XIX, había señalado que, el propio estado liberal, punto culminante de la forma política “Estado”, había sido una creación del mercado autorregulado, porque la clave del sistema institucional del siglo XIX se encontraba en las leyes gobernantes de la economía de mercado, que no era otra cosa que la economía mundial capitalista.

El concepto de economía-mundo (Wallerstein), nos identifica al sistema mundial capitalista como una “economía–mundo capitalista” que abarca un único espacio social que se extiende progresivamente y que va incorporando distintas regiones y procesos de producción. Su dinámica de desarrollo, en un proceso de autoinclusión, se refiere a esas fracciones del mundo que se fueron construyendo muy rápidamente sobre una Europa conquistadora.

(...) Gran Bretaña fue la que nos introdujo en esta economía-mundo capitalista y desde ese momento hasta la actualidad conservamos las características de imperializable y dependiente, dos características de las cuales sólo nos podremos librar mediante un desarrollo endógeno pero a la vez participando del proceso histórico que constituye la globalización. Es la única constante histórica que debemos lograr”[30].

En este orden de ideas, a partir de 1862, la inmigración se convirtió en una política nacional (endógenamente surgida, pero como objetivo teniendo el intento de “copiar” el desarrollo de otros, de copiar el desarrollo “exógeno”) y se establecieron oficinas en Europa a pesar que el gobierno no financió el proceso, dejando los pasajes y radicación en manos privadas.

Muchas veces los pasajes eran cubiertos por los propios inmigrantes, recordemos que Romero habla de la baratura de los pasajes, pero también se formaron grupos de acaudalados, muchos de ellos nobles o dedicados a las Relaciones Internacionales, (sobre todo en el caso británico que muchos participaban del Ministerio de Relaciones Exteriores), formaron especies de empresas, justificadas en términos filantrópicos para lucrar con el proceso migratorio.

Proceso que trajo ganancia para ambas partes, para los países receptores porque con ellos supuestamente venía el desarrollo, para las élites políticas de países como Gran Bretaña trajo ganancias porque con la inmigración también venían los capitales con los cuales ganaban enormes dividendos e intereses. A modo de ejemplo, y si bien no pertenece al período de análisis, el primer Banco Central de la República Argentina fue mixto de capitales británicos y nacionales[31]. Durante el período de análisis, la mayoría de los bancos, casualmente los primeros que llegaron al país, eran de origen británico.

El gobierno británico no dejó la emigración totalmente librada a las fuerzas del mercado sino que intervino para proporcionar protección y apoyo. Al promover, por lo menos facilitar la emigración, el gobierno confiaba en aliviar las angustias de los inmigrantes que en su gran mayoría provenían de trasfondos urbanos y no eran victimas primarias de la declinación de la industria rural o de la declinación agrícola (1870-1888) y en la posibilidad de poblar nuevos territorios.

Sus métodos consistieron en entregar pasajes gratis o a precios reducidos, además de concesiones de tierra y herramientas a inmigrantes individuales, sino que también concedió tierras a especuladores que hacían arreglos privados para llevar colonos. Para 1871, se estableció una Comisión de Emigración en Londres equipada con funcionarios públicos y relacionada con el Ministerio de Relaciones Exteriores y con los posibles destinos de los inmigrantes.

Surgieron las colonias agrícolas, que parecían bastante contenedoras para los inmigrantes, pero eran caras por eso el gobierno solía dejar tales empresas en manos privadas, dando lugar así no solo a los especuladores sino a sistemas de contratos de los más variados. Además se daba otra cuestión. Si las colonias agrícolas eran comunidades muy cerradas no se daba la integración con el territorio argentino.

Sarmiento era hostil hacia cualquier acto que contribuyera a crear comunidades extranjero que evitaran que los inmigrantes adquirieran una identidad argentina, manteniéndolos como extraños en su nueva patria. La integración fue la preocupación principal de Sarmiento con respecto al tema de la inmigración, no sólo “gobernar es poblar” sino que plantea la necesidad de “asimilar para poblar”.

Hay que tener en cuenta que el gobierno de la provincia delegaba expresamente en el limitado poder municipal las funciones primordiales de la política colonizadora. Los dos aspectos de esta política, de indiscutible interés nacional: el reparto de tierras fiscales[32] y las condiciones relativas al establecimiento de poblaciones agrícolas, quedaban sujetos al arbitrio de las simples autoridades comunales.

El motivo principal de las leyes de ejidos, no parece haber sido la necesidad de extender o generalizar la práctica del cultivo agrícola, ni de radicar inmigrantes, sino crear el mayor numero posible de centros de población en las extensiones desiertas que facilitaran el avance de la ganadería, la explotación de estancias. Así vemos que el sistema de ejidos fue el elegido para la colonización-urbanización de muchas regiones, pero hay que destacar que si se sancionaban leyes nacionales la aplicación competía a las autoridades locales, pero hasta 1871 no se sancionará ley en la materia y se manejara toda la cuestión mediante decretos específicos.

Este sistema de ejidos es el que permitirá en primera instancia la articulación entre agricultura e inmigrantes, lo que permitirá la mayor colonización de tierras, pero hay que recordar el rol totalmente subsidiario que va tener la agricultura con respecto a la ganadería durante todo el período analizado. La puja agricultura-ganadería se extenderá hasta 1890, y hasta esta fecha las áreas destinadas a la agricultura son constantemente incorporadas a la ganadería.

Los inmigrantes se sentían tentados a radicarse más lejos de lo conveniente en razón de las extensiones desocupadas y el bajo costo de la tierra, ventajas destacadas desde las esferas oficiales. Sus propiedades no fueron una extensión de la frontera sino un amortiguador entre los indios y las estancias. Esta generación de colonos carecía de todo sentido de pertenencia.

Todo parece indicarnos que en lugar de apuntar al carácter capitalista de la economía, sería más apropiado quizás hablar de sistemas de acumulación de excedentes; cuyo dinamismo, por la propia inserción en un sistema-mundo de mercado ya capitalista, sólo permitió la consolidación de una clase dominante y la fragmentación del resto de la estructura social, pero a la vez la consolidación de una importante fuente de recursos fiscales que hará viable la expansión del Estado sobre regiones despobladas y aún no conquistadas, pero también indicador de la propia hipertrofía endógena del Estado para avanzar sobre estas tierras. Para su concreción habrá que esperar a la posterior Campaña del Desierto, con base en los beneficios fiscales ya obtenidos anteriormente, encarada por Julio Argentino Roca[33].


Las fronteras en expansión





La muerte en la frontera fue el destino de muchos inmigrantes. La mayoría de los inmigrantes asesinados fueron de origen italiano e inglés, pero fue el gobierno inglés el que se dedicó a reclamar duramente ante las autoridades nacionales, hiriendo, a veces duramente, la idiosincrasia argentina. La sensación de indignación británica se colocó en las protestas oficiales.

El cónsul inglés en Buenos Aires, Frank Parish[34], presentó en primera instancia una queja al gobierno provincial, la masacre en Tandil fue la gota que rebalsó el baso; la magnitud de la misma causó gran impresión en la prensa no sólo local, sino también en la internacional, numerosos artículos escritos en inglés relataban los hechos, la noticia corrió y la indignación británica creció proporcionalmente al alto grado de difusión de la noticia.

La presentación de queja de Parish generó un amplio escozor en Buenos Aires y este debió aguardar dos meses para recibir respuesta. Posteriormente se le dijo que no tenía ninguna participación en la cuestión, ni derecho alguno de presentar protestas oficiales al gobierno provincial, si quería mayor información sobre la masacre debía manejarse con la prensa. Parish no podía creer en el tipo de respuesta que había recibido, que sumada a la “indiferencia internacional por parte del gobierno provincial”, tocaron el interés nacional británico. “Los crímenes de ciudadanos británicos en el extranjero generan sentimientos de interés nacional y exigen reparación”.

La respuesta argentina sometió a Parish a un debate pesado sobre la soberanía y los derechos provinciales pero llegó a la misma conclusión: el cónsul no tenía derechos a exigir información, y de cualquier modo la única que podía darla era la Corte de Justicia. Ante el análisis de la situación Parish dirigió todos sus esfuerzos al Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina.

Tandil, ya era sin duda, una herida amarga en los funcionarios argentinos; y Parish con su accionar había elevado a rango diplomático algo que era critica corriente en la Argentina: la falta di investigación sobre los crímenes y la no predisposición de las autoridades argentinas a proporcionar información en base a pruebas sólidas.

Así, la cuestión escalo en la jerarquía política y diplomática. El encargado de negocios británico, Hugh Guion MacDonell[35], no tardó en visitar a Carlos Tejedor[36], Ministro de Relaciones Exteriores. MacDonell exigió que se utilizará el caso de la matanza en Tandil para dar un castigo ejemplificador, y no se inmutó ante las acusaciones de estar interfiriendo en los asuntos de un estado soberano.

La respuesta de Tejedor ante el reclamo no se hizo esperar, esta se basaba en tres pilares:

1- Negaba que los extranjeros estuvieran expuestos a mayores peligros que los nativos y no tenían derechos a dirigirse al gobierno sobre asuntos relacionados con la administración interna

2- los extranjeros debían aceptar las leyes y procedimientos argentinos, que eran muy liberales hacia los extranjeros

3- No se justificaba que los extranjeros tomaran medidas de defensa propia contra los indios pues debían confiar en la seguridad que otorgaba el gobierno provincia

La opinión británica de Buenos Aires consideró que la respuesta de Tejedor a MacDonell no respetaba el artículo 14 de la Constitución Nacional que garantizaba a todos los habitantes el derecho de peticionar a las autoridades. De esta manera surgió la concepción que Tejedor protegía a los indios y no a los colonos, la ley respetaba más al asesino que la víctima. “Qué vacía estaría la República sin residentes ingleses, capitales ingleses, empresas inglesas, la industria inglesa y la buena voluntad de los ingleses aquí y en el extranjero”.

Pero a pesar de esta afirmación de The Standard en 1872, la respuesta de Tejedor puso de manifiesto que el gobierno británico tenía poco poder sobre la Argentina, fuera de interrumpir el comercio y las inversiones, y además que no existía ninguna intención de hacer tal cosa (en el plano político, la posición británica era firmemente no intervencionista desde 1846, la diplomacia de la cañonera no había sido una opción de las Relaciones anglo-argentinas. Ya se había pasado, sin lugar a dudas, de una diplomacia política a una comercial).

El gobierno británico consultó al consejero legal de la Corona acerca de una posible compensación por los crímenes cometidos en Tandil, pero la decisión final fue que si no había existido negligencia por parte de las autoridades, el gobierno británico no podía hacer nada. La verdad es que no se estudió la posibilidad de compensación alguna y el Ministerio de Relaciones Exteriores británico pareció esperar que el asunto cayera por sí mismo en el olvido.

El que no olvidará prontamente será el Ministro de Relaciones Exteriores argentino, “sabemos que necesitamos el capital y la inmigración extranjera para alcanzar el progreso pronto, pero hay algo más importante: nuestra convicción acerca de nuestros derechos”. El gobierno argentino consideraba que “los crímenes eran ataques a la ley, y como el gobierno representaba la ley, también eran ataques al gobierno”.

Es momento de analizar dos cuestiones. La primera es ver como sentían a ese gobierno los que se encargaron de la matanza, y la segunda cuestión es tratar de conocer cual era la visión del gobierno de Sarmiento sobre la política desarrollada por Gran Bretaña.

Para analizar la relación entre asesinos y gobierno, introducimos el concepto de mesianismo. Numerosa es la bibliografía que identifica la protagonista de la matanza, Tata Dios, que el movimiento mesiánico.

Hugo Nario, en su libro “Los crímenes de Tandil, 1872”[37] nos dice que el mesianismo es un fenómeno político-social que se traduce en movimiento popular que atribuyen a algún personaje, presente o futuro, el poder de satisfacer por la fuerza de su genio los sueños de felicidad o de gloria de un sector social, y si se recuerda asimismo que los mesías religiosos o políticos nacen en el seno de pueblos desdichados, en tiempos de derrotas o presiones extranjeras (siguiendo al antropólogo francés Alfred Metraux) y encontrándose a punto de perder sus tradiciones y sus costumbres.

La situación antes descripta puede asociarse al panorama en el cual el campo económico les quedó chico a las promociones para extranjeros y se desbordaron hacia la conquista del poder político al tiempo que se infiltraban en el campo del prestigio social de la época, haciendo de la colisión, un choque inminente e inevitable.

Las argumentaciones de tipo apostólicas que les fueron impartidas a los gauchos, se entienden es un contexto de perdida de tradiciones y costumbres propias. También a partir de una integración a medias al sistema productivo por su parte, y una rápida integración y reconocimiento por parte de las autoridades de los distintos niveles estaduales hacia los inmigrantes.

La cuestión del mesianismo fue reflejada en la prensa. La Republica, afirmó que “la política se ha saturado de fanatismo. Religión y política han caído en una triste degeneración”[38]. También la cuestión sería aprovechada para criticar el rol de la Iglesia Católica por La Tribuna[39], El Nacional[40]. Sólo el diario La Nación, descartó las razones religiosas a favor de las sociológicas[41] (debemos recordar aquí que La Nación era el diario de Mitre y éste era un masón).

Con respecto a la segunda cuestión, se debe destacar que el paso de la presidencia de Mitre a la de Sarmiento implico un cambio significativo con respecto a las relaciones con Gran Bretaña. Mitre era un anglófilo reconocido, un europeista innato[42], en tanto que el gobierno de Sarmiento (más admirador de Estados Unidos que de Gran Bretaña)[43] incluía una cantidad de ministros que miraban con recelo la hegemonía británica.

MacDonell estaba convencido que “había un creciente espíritu antagónico en la actitud de las autoridades argentinas hacia los extranjeros (recordemos que esta actitud de hostigamiento tampoco no cesaba en los estratos más bajos, sobre todo entre gauchos y británico). El gobierno británico diferenciaba entre los diferentes tipos de prejuicios”.

Padecidos por los británicos en el extranjero, y cada tipo requería un grado diferente de presión sobre el gobierno argentino, las presiones y exigencias británicas irritaban cada vez más las susceptibilidades nacionales. El ministro Tejedor se encontraba profundamente comprometido con la “organización nacional” e iba a la cabeza en la defensa del nuevo estado contra la interferencia extranjera.

Con Lynch, observamos más que “un sentimiento transparente de enemistad, uno de animosidad” hacia los británicos expresados en los círculos oficiales y a lo largo de todo el país. Ante esta situación de confrontación, el autor sostiene que Argentina corría el riesgo de perder el respeto de las demás naciones europeas y ello afectaría tanto el comercio cuanto la inmigración.

Si la Argentina pretendía mantener buenas relaciones, el gobierno “haría bien” en arbitrar los medios para proteger a los colonos extranjero, de lo contrario el gobierno británico haría mala propaganda a la radicación de inmigrantes en Argentina.

El punto de vista británico era que los argentinos resentían los privilegios de los extranjeros y los riesgos eran elevados. “Los extranjeros eran siempre los primeros en padecer exacciones y requisitorias cuando había revueltas, tanto de parte del gobierno cuanto de los rebeldes; los nativos, por lo menos, pertenecían a uno de los dos bandos”. Irónicamente podría decirse que la inmigración y sus consecuencias sumaron su aporte al crecimiento del nacionalismo argentino.

No hubo ministro o institución gubernamental que no hiciera algún comentario sobre la actitud británica. Los reclamos diplomáticos de Gran Bretaña pusieron de manifiesto que la debilidad de la autoridad central resultaba letal para el control social efectivo. Tandil no era sino el ejemplo más reciente y de mayor magnitud hasta el momento de la incapacidad del gobierno central para influir sobre el provincial y del gobierno provincial para imponerse sobre sus representantes locales.

La debilidad se trasladó a otros campos. Gran Bretaña aportó más inversión que inmigrantes al desarrollo argentino. La Argentina se comprometió a dar garantías al capital y a los colonos, pero era evidente que los segundos resultaban menos prioritarios, y además, era más difícil protegerlos. Los funcionarios británicos se veían embarcados en conflicto con las autoridades argentinas en un momento en que los intereses de la diplomacia comercial requería una actitud conciliatoria.

La Argentina apenas sabía como proteger capitales, pero sin duda no sabía como proteger inmigrantes, y lo que le costaba más aún era tener y una actitud conciliadora. El gobierno nacional tenía sus tiempos específicos de respuesta y ni siquiera podía administración inmediatamente la justicia en razón del sistema federal, obstáculo que a veces se usaba como excusa para la inacción.

En síntesis, al nivel de sus implicancias políticas, la masacre de Tandil no fue un hecho o acontecimiento aislado, fue un punto en la tendencia crónica que tenía la violencia por aquellos tiempos, que puso de relieve la debilidad de la estructura de poder y del sistema de gobierno que se aplicaba en la Argentina. Con respectos a los reclamos británicos, la desilusión de la en aquel momento potencia hegemónica se había iniciado años antes y aún continuaría durante algún tiempo.

La cuestión a tomar en cuenta como se ha visto es el clima desestabilizador que Gran Bretaña creaba con sus reclamos y con su rol diplomático. En Argentina no había estabilidad, pero Gran Bretaña no contribuía para nada en la creación de esa estabilidad, quizá porque todavía estaban presente las palabras de Palmerston, el cual estaba convencido que países como China, Portugal o las Repúblicas de América del Sur necesitaban una reprimenda cada 8 o 10 años para conservar el orden. Por eso quizá los banqueros ingleses solicitaron la protección de la diplomacia del cañón en el momento de la Revolución Mitrista de 1874, donde existía la urgencia de reestablecer la ley y el orden.

Andrew Graham-Yooll en “Pequeñas guerras británicas en América Latina”[44] nos recuerda que “la simple amenaza del empleo del poder naval y la presión comercial en todo el mundo fue el arma preferida y más barata del Imperio británico. (...) Cuando una señal de irritación no bastaba, la presencia se una cañonera era suficiente para hacer que el descarriado se arrepintiera de la molestia causada”.

Es posible encontrar una línea de continuidad en la política británica para con las naciones de América. Latina, pero por cuestión de desarrollo sólo se analizará brevemente el caso argentino. “Durante el período inmediato a los primeros intentos independentistas los gobiernos británicos presupusieron erróneamente que los sudamericanos estaban complacidos con una eventual presencia británica y, por ejemplo en el caso argentino, con una presencia real (las famosas invasiones); que no cuestionarían los términos bajo los cuales habían sido invadidos, porque preferían esta presencia al yugo español”.

La simple realidad nos indica que los ingleses estaban equivocados. ¿Quién puede negar el hecho de la defensa por el pueblo autoconvocado? Es probable que el tiempo histórico de las invasiones inglesas estuviera agotado antes de su inicio. El hecho de planear tantos proyectos y no llevarlos acabo o supeditarlos a otros más importantes agotó el proyecto de las invasiones inglesas en sí mismo. Ahora solo cabe preguntarse si Inglaterra hizo bien los cálculos de poder y si hizo bien al darle primacía o prioridad a las cuestiones intraeuropeas, cuando ella estaba inmiscuida en un proceso revolucionario en materia sobre todo económica, quién puede negar la ya iniciada Revolución Industrial y el incipiente Capitalismo inglés[45].

Y teniendo en cuenta desde una perspectiva marxista que la estructura determina la superestructura se puede sostener entonces que la política inglesa, y porque no también hasta la cultura inglesa estaban determinadas por esa estructura económica en formación que era el ya incipiente Capitalismo.

Inglaterra intentaba ir en contra de su estructura a través de su superestructura pero a su vez está estaba determinada por la primera. Debemos preguntarnos porque Inglaterra intento retardar un proceso que con posterioridad se transformará en una constante histórica: Todo aquel país que se está convirtiendo en “Hegemónico” de alguna u otra manera se ve obligado a lanzarse al “Imperialismo”. Y esta Hegemonía comienza en cuestiones económicas, o sea en la estructura, que por lo tanto determina la superestructura y dentro de su variable política: el Imperialismo”[46].

Estas conclusiones deben trasladarse a todo el período de la hegemonía británica. En primer lugar siempre supedito sus actuaciones, a lo que estaba sucediendo en el escenario europeo. Si encontraba complicaciones en el escenario europeo la presencia inglesa disminuía, si el escenario europeo se encontraba calmo, la presencia europea crecía de manera proporcional en otras regiones. Para Argentina no significaba lo mismo, un alto o un bajo grado de presencia. Argentina era un país subdesarrollado y dependiente.

Gran Bretaña estaba comprometida en el desarrollo argentino (recordemos las palabras de Mitre en referencia al capital inglés), al menos para la idiosincrasia de un amplio espectro de la élite política, mayor dependencia que esta es imposible encontrar. Todas estas conclusiones nos llevan a sostener que Gran Bretaña no tuvo una preferencia específica por Argentina, solo aplicó política imperialista. Gran Bretaña exportó capital e inmigrantes porque su propia estructura la condicionaba.

Recordemos que cuando uno se desarrolla dentro del sistema internacional, paralelamente crecen las implicancias para con el mismo sistema o estructura del sistema. La estructura va a afectar la conducta dentro del sistema. La estructura es siempre definida por los actores más importantes del sistema, y Gran Bretaña durante casi todo el siglo XIX fue el actor más importante del sistema, por esto mismo definió la estructura sobre la que iba a actuar. Gran Bretaña como la potencia hegemónica del sistema intentó poner orden, porque las potencias son las que imponen el orden en el sistema.

No debemos entonces juzgar la actitud británica en términos éticos y morales, porque el sistema no puede ni debe ser juzgado en esos términos. La actitud de Gran Bretaña fue inherente a su rol de potencia, la actitud argentina fue inherente al de un país dependiente.

Los visos de dependencia están a la vista del simple observador en el gobierno de Mitre, en tanto que en el gobierno de Sarmiento estos visos, son matizados por ciertos reclamos de autonomía de los ministros (sobre todo los de Tejedor) y en menor medida de Sarmiento, aunque este último si bien no buscaba autonomía en las relaciones, al menos reconocía el atroz grado de dependencia que se generaría con la llegada de los inmigrantes, pero sobre todo cuando estos inmigrantes ascendieran en la escala social y reclamaran mayor participación política. Sarmiento advirtió a los padres argentinos que serían testigos del descenso social de sus hijos cuando los extranjeros ambiciosos emplearan su talento superior para prosperar y gobernar.



Conclusiones



La matanza de los inmigrantes en Tandil es el hecho que nos ha permitido la caracterización de todo una época y de todo el trato social que se dio hacia los inmigrantes. Al analizar las características del período nos damos cuenta que el choque, fue lógico, lo que no implica que fuera justificable.

El conflicto fue el resultado de un proceso de aceptación del inmigrante y de rechazo de los de los habitantes autóctonos de la región. Es cierto que había escasez de población, lo que implicaba ausencia de mano de obra y de consumidores, pero también es cierto que no se construyeron los mecanismos sociales necesarios para la integración de estos elementos autóctonos como el indio y el gaucho, que directamente fueron rechazados por la sociedad toda.

Para José Luis Romero, la sociedad argentina es una sociedad aluvional, constituida por sedimentación, en la que los extranjeros aparecían en todas partes, sin duda esta afirmación, puede ser real, pero también sin duda se olvida, o mejor dicho corta de raíz, el posible rol que podrían haber tenido los gauchos e indios en la constitución de la sociedad argentina.

El proceso inmigratorio también generó una importante contradicción, constituyo en sí mismo una forma de choque externo, que estimuló reacciones nacionalistas por parte de la sociedad, e incluso en el estrato perteneciente a la élite gobernante que tanto la había favorecido. Estas reacciones demostraron que el programa de desarrollo plasmado en la Constitución Nacional había fracasado.

Para Lynch la masacre de Tandil debilitó la imagen de una nación en crecimiento, advirtió que los asesinos se mantenían activos en el sur de las pampas y que el peligro, para los inmigrantes, no se limitaba a los invasores indios sino a los enemigos dentro del estado argentino, aún no se había consolidado. Pero también demostraron que la estructuración de un verdadero poder federal no se había logrado.

En Argentina había una estructura de poder con mecanismos contradictorios, no al nivel de derecho, dado que dicha estructuración se encontraba en la Constitución Nacional, pero en los hechos, los mecanismos reales se contradecían, aún permanecían el clientelismo y caudillismos regionales y locales.

En la Argentina había dos niveles de gobierno, el federal y el local; dos puntos de mira, Buenos Aires y las provincias. Los agentes británicos se dirigían al gobierno central y discutían, disputaban, con políticos educados que se comportaban con corrección. Para los inmigrantes, la realidad era una vida en el desierto bajo la jurisdicción de funcionarios locales que solían ser ignorantes, corruptos e indiferentes. En este nivel las quejas británicas ni siquiera eran oídas.

“La masacre de Tandil debilitó la imagen de una nación en crecimiento; advirtió que los asesinos se mantenían activos en el sur de las pampas y que el peligro, para los inmigrantes, no se limitaba a los invasores indios sino a los enemigos dentro del Estado argentino, cuya autoridad aún no se había consolidado”[47].

Al aceptar que la idea de formación de un Estado es un proceso gradual de adquisición de atributos de dominación política, observamos en el caso de estudio que las determinantes sociales de dicho proceso, obstaculizaron el desarrollo del mismo y aumentaron el caos propio de otras variables de índole netamente económica o política.

La masacre de Tandil indica fracaso, un fracaso de Estado. Fracaso en la institucionalización de la autoridad, en la diferenciación de su control, en la internacionalización de una identidad colectiva[48], la pregunta es si era posible internalizar una identidad colectiva dejando de lado al indio y al gaucho, e incluso fracaso en la capacidad de externalizar su poder, se plantea aquí si era una unidad realmente soberana. Indica el fracaso de no haber podido lograr en su máxima expresión una realización social y un aparato institucional, lo que para Oscar Oszlack es la definición de un verdadero Estado[49].


FUENTE: ( http://www.eumed.net)

miércoles, 10 de junio de 2015

Como preparar Pasta Italiana fettuccini con salsa de tomate






                                                           Fettuccini con salsa de tomate

Receta de Ensalada Italiana

                                                            Receta de Ensalada Italiana

NICOLO SACCONE, INMIGRANTE NACIDO EN ALCARA LI FUSI, NOS CUENTA SU HISTORIA.




Nuestro socio Nicolo Saccone nació en 1939 en Alcara Li Fusi, localidad italiana de la provincia de Messina, en la región de Sicilia.

Hace 33 años, tuvo que subirse a un barco junto a toda su familia para comenzar una nueva vida en la República Argentina. Llegó a nuestro país junto a sus padres, sus dos hermanos mayores, y el menor, que tenía tan sólo 14 años.


ALCARA LI FUSI

Nicolo revive sus recuerdos a través de una fotografía de Alcara Li Fusi, y nos cuenta lo hermoso que es el paisaje del lugar donde nació. Recuerda que es una zona rica en cursos de agua, atravesada por el río Romero que, con su gran corriente fue labrando un profundo valle, y dividió la ciudad en dos partes. Alcara también estaba ligada a la agricultura y al pastoreo, y era una ciudad muy rica en flora. Los invitamos a recorrer Alcara Li Fusi en este video:



VIDA EN ARGENTINA

¿Qué edad tenía cuando tuvo que emigrar de Italia?
Tenía 18 años y, cuando llegué a Rosario, cumplí los 19.

¿De qué vivió su familia cuando llegó a nuestro país?
Mi padre estaba imposibilitado de trabajar, mi madre era ama de casa, así que los hijos éramos los que trabajábamos. Mi hermano mayor trabajaba en Acindar; el que le seguía, estaba en el depósito de una empresa metalúrgica llamada Siderca; yo era transportista, y mi hermano más chico se encargaba de una verdulería que le había puesto su suegro.

¿Para qué empresa trabajó usted?
Yo empecé a trabajar con un paisano, repartiendo vinos. Después pasé por varias empresas: La Maravilla Rosarina SRL, Transportes Azul y El Turista.





















Niccolo Saccone, un inmigrante siciliano nacido en Alcara Li Fusi.

¿Tuvo otros empleos además de transportista?
No, yo me jubilé de camionero, toda la vida trabajé de lo mismo. Tenía dos patrones que eran hermanos, uno mejor que el otro; tenían un solo camión, que era el que manejaba yo, y después muchos fleteros. En el verano me tocaba trabajar en el norte, porque era la temporada de la sandía. Empezaba en la provincia de Formosa, después iba a Clorinda, de ahí al Chaco, sobre el Río Bermejo – que divide Formosa con el Chaco -; llegaba hasta Pampa del Indio, donde un productor me cargaba todas las sandías. Luego continuaba mi viaje a La Salada, en San Roque, provincia de Corrientes; de ahí a Esquina, Concordia, Chivilcoy… un año terminé recién en abril de hacer todo ese recorrido buscando sandías.

¿Tuvo accidentes en el camino?
Si bien es un trabajo peligroso, nunca me pasó nada grave; yo era muy tranquilo, viajaba solo, me acostaba a dormir cuando quería, a las 3 o 4 horas me levantaba, caminaba un poco.

Mi viaje más difícil fue en 1972. En ese momento trabajaba para El Turista, había que hacer un viaje a Comodoro Rivadavia, y yo fui el único que quiso ir, porque había que tener mucho, mucho cuidado en una bajada llamada Ferré, que eran 46 km en una carretera de cornisa. Igualmente, no tenía miedo, me gustaban los lugares jodidos, era un desafío, porque ser chofer no es solamente conducir, sino saber arreglárselas cuando hay un problema.

LA FAMILIA

¿Cómo conoció a su esposa?
La conocí por un hermano de mi suegro. Un día fui a visitar al hermano de mi suegro, que vivía a una cuadra de mi casa, y ella estaba ahí. Cuando yo me fui, le preguntó a su tío por mí. A todo esto, yo ya estaba medio entreverado con los camiones…

¿Tiene hijos?
Tengo dos hijas mujeres, una vive acá, y la otra hace 15 años que está viviendo en España.

Siendo tan demandante el trabajo de camionero, ¿le costó estar lejos de su familia?
No, realmente no, porque estaba acostumbrado. A mi me gustaba viajar, no me importaba el destino. Recorrí toda la República Argentina. Estuve 40 años manejando camiones, y para mí fueron 40 días.

A mis hijas les dije desde el principio que no esperaran mucha atención de mí, porque yo trabajaba para darles todo lo que necesitaban, pero las tenía que criar la madre. A veces yo estaba durmiendo, y me llamaban de golpe que tenía que ir a auxiliar un camión de verduras, por ejemplo. Una semana estuve 3 días sin dormir.

Si usted vivía prácticamente arriba del camión, ¿el dinero que ganaba se lo dejaba a su familia?
Le dejaba un poco a mi señora, y el resto me lo guardaba la empresa para la cual trabajaba.

ALCARA LI FUSI EN ROSARIO

“Trabajé hasta los 52 años como camionero, hasta que murieron mis patrones. Después abrimos la Mutual Alcara Li Fusi, con Tere (refiriéndose a Teresa Orifici, la Presidenta de la Asociación Mutual). Yo me había jubilado, y quería devolverle algo a la sociedad que tanto me había dado a mí y a mi familia. El 70% de los alcareses que vinieron a Argentina, se quedaron en Rosario, y el resto en Buenos Aires. También hay algunos en Formosa, y otros en Mendoza”, cuenta Nicolo.

Si bien Nicolo Saccone nunca pudo regresar a su ciudad natal, dice que se conforma con haber podido conocer todas las provincias de Argentina, y que siempre está el proyecto de visitar Alcara Li Fusi.

Por el momento, está muy contento con el crecimiento constante y productivo de la Mutual AMSALF, así como también de haber podido formar una familia, y haber tenido un trabajo apasionante.

PERIODISTA: Ma.Virginia Sánche

FDUENTE: ( http://diarioelsiciliano.com.ar)

BREVE HISTORIA DE UNA PAREJA DE INMIGRANTES ITALIANOS


Giuseppe, José o Don José, como fue llamado mas tarde, casado con Sesta, Sestina o Doña Sexta, en fechas distintas debieron dejar a sus padres, hermanos demás familiares, amigos y a su querida tierra europea para emigrar a América.

El padre de José en un momento dado, le dijo que debía partir a la Argentina para probar un futuro mejor. Además los alimentos que producían en su pequeño terruño ya no alcanzaban para alimentar una familia cercana a las 10 personas. Posteriormente, varias de ellas también emigraron.
Con apenas 17 años, José partió hacia Buenos Aires, a mediados de la primera década de 1900, donde, al llegar, ingresó al “Hotel de Inmigrantes”.
Su primer trabajo fue en el puerto, pero como él estaba acostumbrado a trabajar la tierra desde chico, decidió tomar rumbo hacia el campo y se dirigió al centro del país.
Se hizo ducho en el manejo de las pesadas máquinas trilladoras de la época. Aquellas con enormes motores a vapor que impulsaban los equipos para la trilla de numerosas parvas de trigo y lino.
A medida que iba ganando un dinero, enviaba parte de sus ganancias a sus padres y hermanas para aliviar su situación económica.
Decidió afincarse en la zona recorrida, eligiendo el centro sur del Dpto. Marcos Juárez, donde alquiló una pequeña chacra.
Tuvo que luchar como todos, contra las inclemencias del tiempo y las nubes de las voraces langostas. Pero, a pesar de todas las adversidades, salió adelante y con otra parte de sus ahorros pudo volver a Italia, para visitar a su familia.
La casa de sus padres estaba en un pueblito vecino a Macerata, pero él se dirigió primero a Torino para comprar un auto FIAT 0 Km., modelo 1927, y así darles la sorpresa de llegar al pueblo manejando el nuevo vehículo. Ellos no dudarían entonces, de que realmente había comenzado a progresar como lo habían soñado miles de inmigrantes que salieron de Europa en esa época. El Fiat fue la admiración de sus padres y hermanos a quienes paseó por todo el pueblo.
No tardó en decidir la vuelta a su chacra donde lo esperaba su socio, pero antes de salir de Génova, embarca su “joya”: su nuevo Fiat de Torino.
Mientras tanto, en el penúltimo viaje del Principessa Mafalda, llegó de Italia una ragazza, Sesta, con menos de 20 años. Era de San Giusto, también zona de Macerata. Aquí se conoció con José, y luego de un corto noviazgo, se casaron. En el transcurso de sólo cuatro años, llegaron tres hijos, cuyas fotografías fueron enviadas a Italia con orgullo, para compartir la alegría con todos los familiares y amigos.
Como la mayoría de los inmigrantes, su joven esposa conocía lo que era trabajar el campo y atender la casa, por lo que lo acompañó muy de cerca en esos primeros años que fueron los más duros y difíciles de su vida, afrontando una larga crisis mundial desde 1929
Doña Sexta siempre contaba que durante su travesía con el “Mafalda”, más de una vez la nave debió detenerse en altamar o en algún puerto para ser reparada, produciendo el lógico temor en el pasaje. No tardó en ocurrir lo temido, el hundimiento del barco en el siguiente viaje, yendo al fondo del mar con mucha gente.
Mientras los hijos crecían, 5 en total, debían cumplir con la escuela de la pequeña localidad vecina y en la chacra también cumplían con las tareas que sus padres les enseñaban a realizar. De esta manera, todos colaboraban en mayor o menor medida, de acuerdo a su edad.
Además de asegurar los estudios primarios de los hijos, sus padres no descuidaron la posibilidad de que alguno de ellos continuara con estudios superiores para lograr poder decir:”M´hijo el Doctor”. Otros, más apegados al campo, decidieron estudiar Agronomía y junto con los campesinos, comenzaron los pequeños cambios.
Los inmigrantes, que vinieron a “hacerse la América” en realidad contribuyeron a “hacer grande también la Argentina”, porque sus descendientes continuaron agregando cada vez más y más tecnología a los sistemas de producción agropecuaria e industrial.
Esto demuestra cuánto se ha avanzado desde que las cosechas se levantaban más con la ayuda de los propios brazos que con las máquinas de la época... La siembra directa argentina lo dice todo cuando se hacen comparaciones y trasciende la notable evolución y las sorpresas que traen nostalgias y alegrías.
Así fue la vida de los jóvenes inmigrantes de distintos países que lograron la ilusión de llegar a América y que se ha repetido en miles de familias argentinas.


Por Evito Tombetta / Marcos Juárez (Córdoba)
E-mail: eetombetta@coyspu.com.ar

miércoles, 3 de junio de 2015

Comida Italiana- Ragú simple - Recetas Italianas

                                       Comida Italiana- Ragú simple - Recetas Italianas

DINO NOVELLO DÍA DEL INMIGRANTE ITALIANO

                                      DINO NOVELLO DÍA DEL INMIGRANTE ITALIANO

Día del Inmigrante Italiano

                                                           Día del Inmigrante Italiano

Fiesta de la República Italiana



La Fiesta de la República (en italiano, Festa della Repubblica), es el día de fiesta nacional que se celebra el 2 de junio en Italia, y conmemora el referéndum constitucional de 1946, cuando (por sufragio universal) los ciudadanos italianos fueron llamados a decidir qué forma de gobierno (monarquía o república) querían para su país tras la Segunda Guerra Mundial y la caída del Fascismo.




Historia

Tras 85 años de monarquía, con 12.717.923 votos a favor y 10.719.284 votos en contra, Italia se convirtió en República, y los reyes de la casa de Saboya fueron desposeídos del poder y exiliados. Ésta es una de las fiestas públicas más importantes de Italia que, al igual que el 14 de julio en Francia y el 4 de julio en los Estados Unidos, celebra el nacimiento de la nación. El acto más importante de la celebración es un gran desfile militar en Roma.

Luego de algunas décadas suspendida como tal, en el año 2000, volvió a proclamarse feriado. Actualmente, es la principal fiesta civil italiana. En esta fecha, se recuerda el referéndum institucional del 2 y 3 de junio de 1946, dónde por primera vez en elecciones universales, el pueblo italiano tuvo que optar por la monarquía, forma de gobierno de Italia entre la unificación y el período fascista, y una república.



La fiesta de la República, a diferencia del 1° de mayo (Día de los trabajadores) o el 25 de abril (Fiesta de la Liberación), es la única fiesta nacional de Italia, debido a que en esta fecha se celebra el nacimiento de la república.


FUENTE: ( http://es.wikipedia.org)

Día del Inmigrante



El Día del inmigrante en la Argentina, se celebra el 4 de septiembre de cada año desde que se lo estableció mediante el Decreto Nº 21.430 del año 1949, siendo presidente Juan Domingo Perón. Se eligió esa fecha para recordar la llegada de los inmigrantes al país en recuerdo de la disposición dictada por el Primer Triunvirato en esa fecha de 1812, que ofreciera “su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”.




El 4 de septiembre de 1812 el primer decreto del Primer Triunvirato sobre fomento de inmigración estipulaba que el gobierno argentino ofrecía su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a su familia que quieran fijar su domicilio en el territorio del Estado, asegurándoles el pleno goce de los derechos del hombre en sociedad con tal de que no perturben la tranquilidad pública y respeten las leyes del país. Se creó una comisión de inmigración que constituyó la primera entidad establecida para fomentar la inmigración y colonización del territorio. Las guerras por la independencia impidieron su funcionamiento, aunque fue reactivada años más tarde, cuando Bernardino Rivadavia fuera ministro del gobierno de Buenos Aires, en 1824. Fue disuelta el 20 de agosto de 1830 por orden de Juan Manuel de Rosas.

El preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina hace referencia, desde 1853, a "todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino" y en su artículo 25 reafirmaba el fomento a la inmigración: "El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes".1 El decreto de 1949 expresa que el documento del Triunvirato “fue, en verdad, el punto de partida de una ininterrumpida serie de actos de gobierno; que a través de leyes, decretos y reglamentaciones estimuló, protegió y encauzó la inmigración” y destaca “...la conveniencia de que se rinda un permanente y público homenaje al inmigrante de todas las épocas, que sumó sus esperanzas a la de los argentinos, que regó la tierra con su sudor honrado, que ennobleció las artes, mejoró las industrias.


FUENTE: ( http://es.wikipedia.org)

¿Por qué el 3 de junio se celebra el Día del Inmigrante Italiano en Argentina?



El 3 de junio se celebra, en Argentina, el Día del Inmigrante Italiano en homenaje al nacimiento del Gral. Manuel Belgrano – nacido el 3 de junio de 1770 en Buenos Aires – quien era hijo de un inmigrante italiano, Domingo Belgrano y Peri, y de una argentina, María Josefa González Casero. Un homenaje apropiado para conmemorar la inmigración italiana que dio origen a uno de los Padres de la Patria, el Gral. Manuel Belgrano.


Como merecido reconocimiento a los miles de inmigrantes italianos que residen en la República Argentina, el gobierno argentino estableció el 20 de septiembre de 1995 – mediante la sanción de la ley 24.561 – que el 3 de junio de cada año se celebre el Día del Inmigrante Italiano. En ningún lado la migración italiana marcó culturalmente y a fuego a una Nación como en Argentina. El lenguaje, las costumbres, las comidas, la música, las danzas, llevan sus entrañables huellas. La celebración de este día es un merecido homenaje a los miles de italianos que durante dos siglos dejaron su patria natal para venir a estas tierras a forjar un futuro, formar sus familias y contribuir al crecimiento de Argentina.


FUENTE: ( http://microrespuestas.com)

Sociedad Italiana de Tres Arroyos


3 de junio DIA DEL INMIGRANTE ITALIANO

Mediante Ley Nacional Nº 24561, se estableció el día 3 de Junio, (fecha del natalicio del Dr. Manuel Belgrano), como día del Inmigrante Italiano, en homenaje al gran prócer nacional de origen italiano, ya que su padre, don Doménico Belgrano había nacido en Oneglia (Génova)





Monumento al General Belgrano, en la "Piazza Niccoló Tommaseo" en el centro de Génova
A partir de la sanción de la Constitución Argentina en 1853, el pueblo italiano sintió que las puertas de este país estaban abiertas de par en par a sus sueños y aspiraciones. Prepararon sus valijas y con el alma aventurera y sin miedo a lo desconocido, como la mayoría de los pueblos latinos, gano espació a la mar y se convirtió en la comunidad más numerosa de inmigrantes en nuestro país... por lejos.

Así, arribaron a estas tierras comerciantes, industriales, técnicos, operarios y hasta algunos artistas, pero la mayoría de los recién llegados fueron agricultores que trajeron la cultura del duro trabajo campesino.

Su presencia colmó los infinitos campos argentinos y se convirtieron en los pilares fundamentales del progreso del país, sobre todo en la primera mitad del siglo XX.

Su primer destino fue Capital Federal y el -por entonces en formación- gran Buenos Aires. La Boca del Riachuelo, se convirtió en un símbolo de esa nacionalidad a tal punto que, en una oportunidad propusieron crear una república independiente en ese sector de la capital argentina.

Las cartas de los inmigrantes testimoniaron las pasiones, los ruegos, las luchas cotidianas y los dramas encontrados y vividos lejos de casa. El dolor mas frecuente que debían afrontar era la imposibilidad de comunicación con sus familias y la nostalgia, que les daba duro y sin tregua.



Inauguracion de un Busto del Gral Manuel Belgrano en Imperia



El inmigrante aprendía a convivir con los sentimientos de la melancolía y la nostalgia. Se quedaba en el país huésped solo por necesidad de tipo económico, pensando continuamente en el regreso a su patria, el reencuentro con su familia, sus costumbres, los sabores y olores de su tierra que tanto amaba.

La certeza del regreso aligeraba la pena de la distancia, el recuerdo de todo lo ligado a sus orígenes, permitía encontrar un poco de serenidad. El trabajo era visto como algo externo a su vida y a su decisión, no se esperaba de él alguna realización personal o gratificación, solo era algo temporáneo, como la lontananza dall´Italia.

La inmigración era la única forma que tenían estos hombres para mejorar sus condiciones de vida. La decisión raramente era fruto de una libre elección, sabía que el precio que debían pagar sería muy caro, pero afrontaron las dificultades con coraje...y con la esperanza de regresar a la patria

Pero con el pasar de los años, se determinaron algunos cambios: el inmigrante comenzó a adaptarse al nuevo ambiente social, aprendió a convivir con los diversos usos y costumbres, asimiló la lengua y ya no vivía más su condición de inmigrante en forma negativa, al contrario, se empeñaba en consolidar su integración para mejorar también su condición

Las motivaciones que llevaron a los italianos a emigrar pueden ser esquematizadas así: 1. Falta de trabajo; 2. Mejorar sus propias condiciones económica y de vida; 3. Ofrecer un futuro mejor a sus hijos

Las dificultades encontradas: lingüísticas, de integración social y problemas para encontrar trabajo

Al inmigrante no le faltaba una red social, pero las personas que frecuentaba eran por lo general italianos y provenían muchas veces de su mismo pueblo. Si esto ayudaba a soportar la nostalgia de su patria, por el otro lado, determinaba la formación de círculos cerrados.

Muy frecuentemente, el inmigrante sufría una pérdida de identidad, ya que se encontraba frente a un claro dilema: conservar en forma escrupulosa las costumbres de su país, o acostumbrarse a las nuevas, sacrificando su propia identidad cultural

Los sentimientos con los que llegaba a los nuevos países, eran contrastantes, por un lado estaban las ganas de afincarse y hacer fortuna, para paliar la pobreza sufrida en Italia, por el otro lado, estaba la nostalgia por todo lo que pertenecía a su patria. El trabajo y los sacrificios hechos, con la distancia cubrían de una pátina rosa que hacía parecer su vida en Italia menos dura de lo que en realidad fue. Muchas veces, los inmigrantes se quedaban el tiempo necesario para ganar un poco de dinero, de manera que pudiesen arreglar la casa de sus padres y vivir decorosamente

Esta elección, generalmente, no coronaba los esfuerzos del inmigrante, que extranjero en el país de emigración, se encontraba también extranjero en su Patria, ya que la permanencia all´estero lo habían transformado sutilmente, sin que se diese cuenta.

Por el contrario, quien eligió establecerse definitivamente en el país elegido, quedaba atado, no tanto a su país de origen, sino al recuerdo que tenía de él. Un recuerdo cuyos contornos fue esfumando la nostalgia y la sensación de abandono, que se volvía con el pasar de los años, en algo cada vez más lindo.

“Cuando pisé tierra, me di vuelta a mirar una vez más al Galileo, y el corazón se aceleró al decirle adiós, como si fuese un rincón flotante de mi país que me había llevado hasta allá. Ya no era más que un trazo negro en el horizonte del río desmesurado…pero se veía todavía la bandera, que flameaba bajo el primer rayo de sol americano, como un último saludo de Italia…que encomendaba a la nueva tierra, sus hijos errantes.” (Fragmento de Edmundo De Amicis, de su libro “Sull´oceano”, que cuenta su viaje en la nave Galileo, desde Génova a Montevideo)

Nuestro homenaje a los millones de italianos que durante dos siglos dejaron su patria natal para venir a estas tierras a forjarse un futuro, formaron sus familias y contribuyeron al crecimiento de Argentina. Hoy sus descendientes debemos sentirnos orgullosos de ellos y no olvidar nunca nuestras raíces. Ese va a ser el mejor homenaje.




SOCIEDAD ITALIANA de TRES ARROYOS
, espacio abierto a la colectividad italiana
en particular y a toda la comunidad tresarroyense en general, destinado a difundir la historia y el quehacer de la institución.
Encontrarás múltiples propuestas y anuncios.Envíanos tus inquietudes, consultas, comentarios y sugerencias al mail: socitaliana3@ciudad.com.ar
Esperamos tu participación, no dudes en comunicarte al TE.02983-425.188 o acercarte a nuestra Secretaria,
Avda Moreno Nº 137, en el horario de 08 a 12 y de 15 a 19 hs de lun a vier.

FUENTE: (http://sociedaditalianadetresarroyos.blogspot.com.ar)

Se celebra hoy en Argentina el Día del Inmigrante Italiano

A través de la Ley N° 24561, se estableció el 3 de junio como el Día del Inmigrante Italiano, en reconocimiento a aquellos que con valor, trabajo y sacrificio, trabajaron por la grandeza de la Argentina.
Se eligió esta fecha por ser el día del nacimiento de Manuel Belgrano, como un homenaje a los italianos que han enriquecido el patrimonio espiritual y material de la Patria Argentina.

Entre aquellas familias de inmigrantes, la historia destaca a la conformada por Don Domingo Belgrano Pérez, un genovés llegado a Buenos Aires previo paso por España y Doña María Josefa González, hogar en el cual nació el 3 de junio de 1770 Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, creador de la Bandera Nacional.

“Cuando pisé tierra, me di vuelta a mirar una vez más al Galileo, y el corazón se aceleró al decirle adiós, como si fuese un rincón flotante de mi país que me había llevado hasta allá. Ya no era más que un trazo negro en el horizonte del río desmesurado…pero se veía todavía la bandera, que flameaba bajo el primer rayo de sol americano, como un último saludo de Italia…que encomendaba a la nueva tierra, sus hijos errantes”. (Fragmento de Edmundo De Amicis, de su libro “Sull´oceano”, que cuenta su viaje en la nave Galileo, de Génova a Montevideo).


FUENTE:(http://noticias.iruya.com)

miércoles, 27 de mayo de 2015

Inmigración italiana en Chile



La inmigración italiana en Chile se desarrolló a partir del siglo XIX y se concentró en las principales ciudades. Hubo un solo caso de colonización rural: la fundación del pueblo de Capitán Pastene en el sur de Chile.





Características

De acuerdo a ciertas estimaciones el número de descendientes de italianos en Chile sería de 150 000 personas,2 de los cuales cierto porcentaje serían inmigrantes llegados en primera instancia a Argentina y Uruguay, principalmente desde Buenos Aires. Más tarde, debido al auge económico chileno y las buenas oportunidades de trabajo, cientos de argentinos emigraron al país siendo un número importante de ellos descendientes de italianos. A diferencia de otra comunidades inmigrantes, los italianos no se concentraron en alguna zona específica del país.

La inmigración italiana se produjo de manera espontánea y no correspondió a un período determinado. Italianos emigraron a Iquique en la época del salitre y a Arica después, a la actual Región de Atacama y una importante colonia venida de Trento se estableció en La Serena así como en Isla de Maipo, en Valparaíso, en algunos barrios de Santiago, Concepción, Punta Arenas, y la Región de La Araucanía.

Esta última zona recibió un buen número de inmigrantes en pocos años donde durante 1883 y 1901 llegaron más de 20 700 italianos a colonizar la zona, posteriormente llegaron unas 2600 familias más a fundar Capitán Pastene, y poblar Lumaco y Purén.




Inmigración por región
Tarapacá




Monumento regalado por el Reino de Italia a Chile en 1910, ubicado en la Plaza Italia de Santiago.

En 1883 numerosas oficinas salitreras pertenecían o eran explotadas bajo concesión por empresarios italianos; entre ellos cabe nombrar las de Pedro Perfetti, “Tres Marías”, “La Santiago” y “California”; las de Juan Sanghinetti, “San José de Puntuchara” y “Tránsito”; la oficina “Santa Rosa” en la cual Gregorio Peragallo trabajaba como contratista de elaboración, “San José de la Noria” de Pío Fasola; “Santa Adela” y “San José de Devéscovi” del empresario oriundo de Dalmacia (actualmente Croacia), Pedro Devéscovi, al cual la colonia italiana consideraba su coterráneo; Sebastopol del hijo de italiano, Pedro Gamboni Vera.

Terminada la guerra, el comercio en Iquique, Caleta Buena, Junín, Mejillones del Norte y otros aumentó notablemente y estaba en manos de numerosos italianos: Tomás Capella, industrial elaborador de cigarrillos, las familias Rossi, Sacco, Vallebona, Zanelli, Merani, etc. que figuraron entre los fundadores en 1882 de la Sociedad de Beneficencia y Socorros Mutuos Fratellanza Italiana. Esta y la Compañía de Bomberos Ausonia - cuyo nombre evoca la mítica tierra cantada por Virgilio en su Eneida- fundada el 3 de enero de 1874, serían las primeras agrupaciones sociales de los italianos en la zona. A ellas se agregó posteriormente la Sociedad Italiana de Instrucción, con dos escuelas de niños; el Círculo Musical Italiano y la Sociedad Republicana “Giuseppe Mazzini”, establecida en 1892 por J. B. Perasso, un entusiasta republicano dentro de una colonia que era en su mayor parte de ideas monárquicas.

En esa misma época los sacerdotes salesianos establecieron el Colegio Don Bosco, orientado a la enseñanza comercial, vinculado con la colectividad italiana durante el período del esplendor salitrero. También se fundó una compañía de seguros, la Compañía Italiana de Seguros contra incendios “Cristóforo Colombo”

El panorama de auge económico quedaría ensombrecido con los luctuosos sucesos que 1891 depararía para Iquique, durante el desarrollo de la lucha fratricida entre los partidarios de la escuadra sublevada y las fuerzas leales al Presidente Balmaceda. Los italianos, a través de la Bomba Ausonia, formaron guardias cívicas para proteger sus propiedades durante el ataque a Iquique. Dichas guardias adoptaron una estricta neutralidad. Por su parte, el Intendente Salinas formó una guardia que era una legión extranjera de unos 6000 hombres, en donde militaron varios italianos.

El saldo de los combates de la Guerra Civil de 1891 produjo numerosos muertos y daños a propiedades de colonos italianos, los que ya estaban acostumbrados a adversidades de ese tipo, ya que luego de los maremotos de 1868 y 1877, habían tenido que afrontar los bombardeos de 1879 y pavorosos incendios como el de 1880, que destruyera el centro comercial “en una extensión de treinta manzanas; el de 1883 que devoró quince; el de 1884, que duró siete días y el de 1885 que abarcó en su terrible círculo de fuego los cuarteles de las bombas Germania y Ausonia”.

Tales siniestros que cambiaban poco a poco la faz de la ciudad, contribuyeron a la construcción de cada vez mejores edificios. La colonia italiana construyó en 1892 el amplio y hermoso edificio “Colombino”, inaugurado solemnemente el 12 de octubre de dicho año. En dicho local funcionarían hasta 1956 todas las instituciones sociales de la colonia italiana iquiqueña.

A finales del siglo XIX surgió una nueva agitación con el clima de amenaza de guerra entre Chile y Argentina. De las informaciones de la prensa de la época se infiere un sentimiento de afinidad y compromiso de los italianos con la tierra que los ha acogido, expresado en él repudio hacia los italianos que en el país trasandino estarían formando legiones italianas que apoyaban la carrera belicista de Julio Roca contra Chile.3

La colonia italiana de Iquique recibió un comunicado de Santiago, según el cual las sociedades italianas de la capital reunidas acordaron el nombramiento de una comisión “que acompañada del regio representante patrio se apersonará al Presidente de Chile, expresando sus sentimientos respecto al proceder de algunos italianos residentes en Argentina.

Una de las actividades a la que se dedicaron frecuentemente los italianos fue el deporte, practicando mayoritariamente el ciclismo. Existía un club al que estaban afiliados los que poseían bicicletas y su directiva para 1910 estaba conformada por Lorenzo Busolino como presidente activo, Reinaldo Sessarego como vicepresidente, Pablo Arata, César Besio y Eugenio Tarssetti como directores y el Dr. Miguel Garbarini era el médico del club. También existió un Centro Sportivo cuyo vicepresidente era Carlos Viollo.

El fútbol no fue exclusivo de los ingleses ya que hubo un “Junior Foot-ball Club” cuyo presidente honorario era el dueño de la Botica y Droguería del Sol, Sr. Gennari. Los vicepresidentes y el tesorero fueron Reinaldo Sessarego, Lorenzo Delucchi y Vicente Tarssetti.

Los italianos también participaron en Actividades Mutualistas, en 1910 hallamos como tesoreros de la Sociedad Internacional de Artesanos, a Domingo Pallavicini y a César Bacigalupo. En la Unión Marítima figuraban como subtesorero Justo Badani y como vocal Carlos Pichele.

La actividad social fue un elemento importante dentro de la vida de los residentes italianos, y dentro de este punto la Bomba Ausonia fue un baluarte, fue fundada el 13 de enero de 1874, tuvo brillantes demostraciones de valor en el maremoto de 1877 y en los innumerables incendios de la historia de Iquique. Ocupaba la planta baja del Edificio Colombino de Tarapacá 44 entre 1892 y 1956.

Para 1910 su directorio estaba integrado por Jorge Romussi; Blas Arata, Antonio Onetto, Luis Tassara y Angel Priaroni, Médicos los doctores Meriggio y Garbarini. Los oficiales eran Alejandro Pessolo, Pilo Marazzino, Pedro Bardi, Miguel Cambano, José Chiappe, Próspero Onetto, Agustín Locatelli, Victorio Tassara, Rómulo Bosso, Juan Sacco y David Besaccia.

En 1936 era Director Esteban Sacco y Capitán Mario Sfrazzani, Comandante del Cuerpo de Bomberos de Iquique era Carlos Rossi y pro-secretario general Francisco Catanzaro.

Como se puede apreciar siempre la actividad bomberil fue relevante para los inmigrantes italianos. Lo anterior se ve ratificado en el hecho de que italianos participaban también en otras compañías de bomberos; Humberto Vallebona, Nicolás Polocroni y Arquímedes Bagliolis son directores de la Bomba Tarapacá en 1910. Antonio Polocroni es miembro del consejo de disciplina de la Bomba Zapadores y en la Bomba Peruana participaba Carlos Viollo.

Otra actividad en la que encontramos residentes italianos, es en la de los ferrocarriles salitreros. En 1910 encontramos a César Bacigalupo como ayudante de tráfico de The Nitrate Railways Co.; Passi era el Jefe de Estación y Telegrafista de Pintados. En el Ferrocarril Agua Santa – Caleta Buena estaba Enrique Lubini, pesador de carbón y Máximo Paniagua como recibidor y despachador de los planos. En Alto Caleta Buena, Miguel Viteri era ayudante telegrafista. En Estación Huara el jefe de estación era Rafael Lanchini.

Como hemos revisado en las líneas anteriores, los italianos y sus descendientes participaron en múltiples actividades que se desarrollaron en la región de Tarapacá, y no solamente en el comercio, aunque este último fue el ámbito en el que más se destacaron. Una de las actividades a la que se dedicaron frecuentemente los italianos fue el deporte, practicando mayoritariamente el ciclismo. Existía un club al que estaban afiliados los que poseían bicicletas y su directiva para 1910 estaba conformada por Lorenzo Busolino como presidente activo, Reinaldo Sessarego como vicepresidente, Pablo Arata, César Besio y Eugenio Tarssetti como directores y el Dr. Miguel Garbarini era el médico del club. También existió un Centro Sportivo cuyo vicepresidente era Carlos Viollo.4

En el período comprendido entre 1920 y 1940, el comercio seguirá siendo una de las actividades principales de la colectividad italiana en Iquique, pese a la aguda crisis que experimentó la región a partir de 1924 a causa del cierre de la mayor parte de las explotaciones salitreras, obligando a la liquidación de algunos establecimientos y a la drástica reducción de otros. Otro factor de la decadencia del rubro fue la enorme competencia entre comerciantes que vendían lo mismo, reduciéndose al mínimo las utilidades.

Hacia 1936 el Banco Italiano ya había cerrado su Agencia en Iquique, ante la competencia de otras instituciones. En esa misma fecha don Antonio Brazzale era Consejero de la Cámara de Comercio de la ciudad. De las grandes firmas permanecieron hasta entonces Solimano, Chiappe y Compañía. El resto de las grandes casas de italianos ha desaparecido junto con el esplendor del nitrato, sus propietarios ya han fallecido, pero permanece la presencia italiana en el rubro comercial mediano y pequeño.

Los descendientes de italianos Pablo Barbagelata y Rodolfo Confalonieri representan respectivamente a la Compañía de Tabacos de Talca y a productos Carozzi. En el rubro de frutos del país están Silvio Lanata, Francisco Cerisola, Casanegra y Emilio Rossi. En el rubro ferretería: La Esmeralda, de Humberto Costa.

También podemos citar las siguientes tiendas: La Verbena de Cúneo Hnos.; El Vaticano de Juan Coronata y Cía.; La Joven Italia de Sacco, Baldazano y Cía.; La Veneciana de Boero y Canessa; La Confianza de Solari Hnos.; La ciudad de Londres de Esteban y José Solari; La Ideal de Gandolfo Hnos.; La Liguria de Magnasco y Cía.; Casa Cánepa de Cánepa Hnos.; Princesa y Yolanda de Machiavello y Mortola; Pabellón de Pica de Mario Zolezzi; La Victoriosa de Francisco Mattei; Palermo de Profumo y Cía.; La Triunfante de Lanino Hnos.; y la sastrería de Mario Maggio. En el rubro zapaterías encontramos a P. Tulliano y Vicente Petrillo.

La casa de préstamos La Confianza era la única agencia de los socios Carlos Rossi y Mario Sfrazzani. Agentes de Seguros eran Rosa Cossa y Vigliensoni, Bermúdez y Cía.

En el ámbito hotelero y gastronómico debemos mencionar a Mario Maiocchi, propietario del famoso Chalet Suisse, selecto Restaurante a orillas del mar. El antiguo hotel Génova de Priaroni y luego de Salamero cambió de manos y de nombre al adquirirlo un español y pasar a denominarse España. En lo que se refiere a otros negocios tenemos a: Pedro Donaggio, Tassistro y Cía.; Barracas de Madera. Silvio Figallo, Tassistro y Cía.; Fábrica de Fideos. Francisco Vasallo; Bebidas gaseosas. Juan Gnecco; Licores. Francisco Lassala y Pizzani Hnos.; Panaderías. Teodoro de Bernardis; Repuestos de Automóviles. Coronata Hnos.; Agente de Philco, receptores de radio.

Así, si las grandes empresas pertenecientes a miembros de la colonia italiana decayeron junto con otras ligadas directamente a la industria salitrera, las italianas del sector medio y pequeño en cambio, se consolidaron en la ciudad de Iquique, manteniendo su liderazgo, conservando esta colectividad el predominio de las actividades comerciales de la ciudad.




Valparaíso

La inmigración italiana en Chile, durante la segunda mitad del siglo XIX, se concentró fundamentalmente en la ciudad de Valparaíso y fue hecha principalmente por genoveses.

Valparaíso, durante el siglo XIX, sobresalió como un centro de notable atracción para los extranjeros, en razón de su descollante actividad comercial local, y sobre todo, regional. La evolución de la colectividad italiana se vincula íntimamente al proceso de evolución urbana. El crecimiento demográfico extraordinario que experimentó la ciudad significó la existencia de un mercado de consumo aunque desprovisto de una infraestructura de servicios urbanos. Entre éstos, los establecimientos industriales de productos alimenticios y los locales de expendios de estos productos generaron un espacio que en primera instancia fueron prácticamente monopolizados por los españoles. Sin embargo, el conflicto chileno-español de 1866 determinó el alejamiento de muchos de estos comerciantes, lo que dejó un amplio espacio que fue copado por los italianos.

"Don Giuseppe de la esquina", les llamaban a todos los almaceneros italianos que se instalaron en Valparaíso. La mayoría de ellos provenía de la Región de Liguria y para 1895 eran la colonia más numerosa del Puerto. Parte de su legado son la 6.ª Compañía de Bomberos Cristoforo Colombo - a la que aún sólo pueden ingresar aquellos que tengan apellido italiano - y el edificio de la Scuola Italiana en la avenida Pedro Montt, declarado Monumento Histórico Nacional.

De acuerdo a la matrícula comercial de 1849 Valparaíso contaba con 418 establecimientos comerciales, de los cuales 60 pertenecían a italianos, distribuidos de la siguiente manera: 1 fundición de metales (Fundición "La Patria" propiedad de Antonio Stefano Costa Rocca e hijos), 2 almacenes, 20 tiendas, 2 bóticas, 3 pulperías, 2 herrerías y 2 joyerías. La misma fuente, para 1858, revela tanto un incremento de los establecimientos pertenecientes a los italianos, como también la manifestación de una tenencia, que posteriormente se consolidará, en concretarse en los almacenes y despachos ya que este tipo de establecimientos aglutinaban a un 40 % del grupo de comerciantes italianos.

Hacia 1904 el cónsul italiano en Valparaíso sostenía que sus connacionales eran propietarios del 90 % de los almacenes y del 74 % de los despachos de la ciudad. Haciendo notar también que la forma en que operan estos individuos es fundamentalmente en base a su esfuerzo y constancia, con lo cual logran algunos ahorros que finalmente a través del tiempo les permite consolidar una pequeña fortuna.

La participación industrial de los italianos se orientó básicamente a la pequeña industria relacionada con el grupo de alimentos o en general, caracterizadas como empresas familiares que no requerían de una gran infraestructura tecnológica ni de una gran aporte de capital.

La evolución de la colectividad italiana es el desarrollo de una cadena migratoria a la manera tradicional como se observará en otras regiones. Los establecimientos comerciales o industriales requerirán de la participación de personas confiables, por lo cual será constante y creciente la demanda de familiares, amigos o lugareños, a Italia, para incorporarlos al grupo laboral.

A través de esta vía se evidenciará, desde el primer momento, un notorio predominio de italianos procedentes de la Región Liguria. Desde entonces se produce una relación estrecha entre las dos regiones costeras. La presencia de los ligures en Valparaíso estará siempre sobredimensionada en relación al resto del país, ya que entre el 60 % y el 70 % de los italianos que se establecen en el principal puerto chileno proceden de las provincias ligures. Quizás las similitudes geográficas produjeron esta situación. De tal modo, para los inmigrantes provenientes de la tierra ligur, el paisaje de Valparaíso era muy similar.




La Araucanía
Artículo principal: Capitán Pastene
La actual comunidad italiana



La familia Alessandri en 1920, de la que vienen dos Presidentes de Chile: Arturo Alessandri (al centro de la foto, sentado) y Jorge Alessandri.

La inmigración italiana en Chile ha creado una comunidad de origen italiano, que ha alcanzado altos niveles de cohesión dentro de la sociedad chilena.

Una muestra de esta integración es el caso de la familia Alessandri. Al inicio del siglo XIX Giuseppe Pietro Alessandri Tarzi, vino de Toscana y trabajó como cónsul del Reino de Cerdeña en Santiago. Entre sus descendientes hay dos Presidentes de Chile: Arturo Alessandri (1920-1925 y 1932-1938); y Jorge Alessandri (1958-1964). También destacan las familias Barbagelata, Canepa, Cueto, De Gregorio, De la Cruz (Dellacroce), Falabella, Gallo, Garreton, Justiniano, Parodi, Pastene, Pontoni, Riffo, Solari, Torti, Vaccarezza, Vicencio, entre otras.

La prensa italiana cuenta con:
La Gazzetta Italiana nel Cile, publicada en Santiago por el director Nadir Morosi.
Presenza, quincenal publicado en Providencia desde 1969 por el editor Giuseppe Tommasi ("Padri Scalabriniani").

Cabe destacar que el idioma italiano viene siendo promovido por la asociación "Dante Alighieri" de Santiago y hay varias escuelas italianas en Chile: las principales son la "Vittorio Montiglio" en la capital y la "Arturo Dell'Oro" en Valparaíso. Además casi cincuenta organizaciones y asociaciones tutelan y sirven la actual comunidad italiana.

De acuerdo a informaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia en 2013, en Chile vivirían poco más de 50.000 personas con nacionalidad italiana.

Los apellidos de origen italiano, con 0,6 % de la población, ostentan el 4.º lugar de frecuencia en Chile, luego de los de origen español (casi 95 %), germano (1,3 %) y portugués (1,0 %).


FUENTE: ( http://es.wikipedia.org/wiki/Inmigraci%C3%B3n_italiana_en_Chile)