martes, 26 de abril de 2016

Crisis diplomática entre Egipto e Italia por un asesinato brutal y misterioso



Las relaciones entre dos de los países más populosos del Mediterráneo, Egipto e Italia, atraviesan unas fuertes turbulencias después de que Roma decidiera el pasado viernes llamar a consultas a su embajador en El Cairo. En la raíz del conflicto, la consideración por parte italiana de que el Gobierno del mariscal Abdelfatá al Sisi no está cooperando en la investigación del brutal asesinato de Giulio Regeni,
un investigador académico italiano de 28 años cuyo cadáver fue hallado en una cuneta el pasado 3 de febrero. Dos meses después, su horrible muerte continúa suscitando más preguntas que respuestas, si bien todos los indicios apuntan en una misma dirección: la autoría de las fuerzas de seguridad egipcias. "Italia no se conformará con una verdad dudosa en aras de lo políticamente correcto", ha advertido el primer ministro, Matteo Renzi, bajo una enorme presión por una opinión pública inflamada.

“Cuando me hablaba de Egipto, no me expresaba ningún miedo en particular, ni conciencia de estar llevando a cabo una labor académica peligrosa. Era una persona sensata, que no tomaba riesgos innecesarios”, comenta Paz Zárate, excompañera de trabajo en un think tank británico y que lo define como “un hermano”. Regeni, que cursaba un doctorado en la prestigiosa Universidad de Cambridge, se había especializado en los movimientos sindicales alternativos al sindicato vertical ETUF, un tema más sensible de lo que parece. No en vano, las huelgas y protestas obreras en la región industrial de Mahala, en 2008, fueron el embrión de la revolución que tumbó tres años después al dictador Hosni Mubarak. Además, antes de su arresto, había escrito con un colega -ambos con seudónimo- un artículo crítico con el Gobierno egipcio en un modesto portal de noticias.

El italiano desapareció el pasado 25 de enero, cuando la tensión en el El Cairo se podía cortar con un cuchillo. Era el quinto aniversario del inicio de la revolución y, para evitar cualquier atisbo de manifestación, los días anteriores las autoridades habían arrestado docenas de personas y registrado más de 5.000 apartamentos alrededor de la mítica plaza Tahrir. En esa zona céntrica Regeni se había citado con un amigo para acudir a una fiesta de cumpleaños. Era un trayecto breve desde su apartamento, en el barrio de Dokki: tan solo tres paradas de metro. Sin embargo, nunca llegó.

Su caso recordaba al de los centenares de activistas egipcios desaparecidos durante los últimos meses, una práctica en aumento y bien documentada por las organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch. Muchos de ellos son llevados a cárceles secretas, como la de Azuli, dónde son torturados. “Después de una semana, desde las altas instancias políticas en Italia se presionó a Al Sisi para que al menos apareciera el cuerpo”, cuenta una fuente de una embajada europea.

Pocas horas después, la policía encontró el cadáver, desnudo de cintura para abajo y con evidentes signos de tortura. Al verlo, el ministro de Interior italiano, Angelino Alfano, describió la violencia a la que fue sometido de “inhumana, animal”. Hasta tal punto estaba su cara desfigurada que su madre ha dicho que solo pudo reconocer “la punta de su nariz”.


FUENTE: (http://internacional.elpais.com/)

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